18 noviembre 2007

Relato de un lobo

Era esa salvaje ansiedad otra vez.
Bestial necesidad de despadazar,
de arrancar la carne de su estado vivo,
y triturarla sin piedad en mi mandibula.
No sé si fué su gelida postura,
o la viveza de su mirada,
buscando algo entre la gente,
aquello, lo mismo que yo buscaba,
no, esta vez no, no lo supe.
Quizás fué la crudeza con que se asumía contra el mundo,
o fué la ternura con la que lo abrazaba.
Su plasmatico cuerpo tomó,
de pronto, mi forma.
No, en realidad no supe como reaccionar,
comunmente me abandono a mis instintos,
pero esta vez no fueron mis instintos,
fueron sus instintos.
De un segundo a otro,
como cual nuez cae en su cascara desde el nogal
a la piedra que la ha de partir,
inevitable, nuestras miradas se cruzaron,
se intercambiaron nuestras intenciones,
pero no importó, pues eran las mismas.
Era yo en ella, ella era en mí.
Solo faltaba la actuación,
el gran número.
El tren citadino se detuvo en la estacion
que debia de detener.
Y sin más...

Y sin verguenza...

...la seguí.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ayayay...el lobo este...
weno...mutuamente nos hemos criado para aprender a acechar...quizas yo no lo necesitaba en ese momento...no era el preciso...pero el punto es que se acaba lo mas inservible para dar paso a lo indispensable para algunos, o no?
o todo se queda?

si, obvio.
tonces no dije nada.

god bye!

nota: ah si, por cierto...lindo eso que escribiste...algo me dice que te identificas bastante con lo escrito, babe :P

Anónimo dijo...

a q se refieres con ella?
siempre esta solo y usted deciede estarlo
señor lobo todas sus luchas son contra usted mismo.